
Ana Victoria Handal de Abufele: la mirada contracorriente de una mujer sin riendas en la creatividad
Su crecimiento no es inmediato, pero sí constante. Cada obra es un ensayo, una búsqueda
ICONOS Mag
Texto Luis Hernandez / Fotos Kevin Hernández
21 abril, 2026
San Pedro Sula. Ana Victoria Handal Canahuati de Abufele emerge como un trazo constante, sereno y profundamente conectado con la memoria. No es una artista o pintora acomodada. Es inquieta de imaginación. Busca más allá de lo que ya no se puede inventar.

No es una artista que irrumpe de forma abrupta. Construye como un proceso, como una pintura que se deja reposar, que se abandona por momentos, que se retoma con paciencia hasta encontrar su forma definitiva.
Su historia, más que una línea recta, es un tejido de capas, de tiempos superpuestos, de silencios y retornos.
Nacida en San Pedro Sula, una ciudad donde el ritmo industrial convive con la cercanía de la naturaleza por el verde de El Merendón observando desde la distancia, Ana Handal creció en un entorno donde el arte no era todavía una profesión, sino intuición y a veces … capricho, un sueño, una locura.
Desde la infancia, el dibujo y la pintura no eran una elección consciente, sino una necesidad. Pintar era algo que simplemente sucedía en la escuela, en las actividades, en los espacios donde la creatividad encontraba una rendija para existir.
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Su primer acercamiento, aparentemente sencillo, guarda en sí una clave fundamental de su trayectoria: el arte como algo cotidiano, cercano, casi doméstico.
Sus primeras obras; un mural junto a su madre, una casa pintada, una mujer tejiendo un petate no eran intentos de trascendencia, sino registros de vida.
Y es precisamente en esa raíz donde se construye su lenguaje artístico basado en la observación de lo simple, en el valor de lo familiar, en la belleza de lo que suele pasar desapercibido.
Sin embargo, como ocurre con muchos artistas en Honduras, el camino no fue inmediato. La vida, con sus exigencias prácticas, llevó a Ana Handal hacia otra disciplina, la farmacia.
Durante años, su vida estuvo dedicada a las ciencias, al orden, a la precisión. Pero incluso allí, en ese universo aparentemente distante del arte, se gestaba algo importante.
Nacía una mirada analítica, una curiosidad por el porqué de las cosas, una forma de entender el mundo desde la estructura.
Esa dualidad arte y ciencia no se contradice, sino que se entrelaza en su obra, donde la emoción convive con la observación.

El verdadero punto de inflexión llega cuando decide regresar al arte, no como un pasatiempo, sino como un compromiso.
Este retorno ocurre bajo la guía de la maestra del pincel Margarita Rodríguez, figura clave en su formación.
No se trata únicamente de aprender técnica, sino de adoptar una disciplina. Además, trabajar todos los días, incluso cuando no hay inspiración, cuando la duda aparece.
Esa enseñanza simple pero poderosa se convierte en uno de los pilares de su carrera y se transformó a una recurrente realidad.
A partir de ese momento, Ana Handal comienza a reconstruirse como artista. Se integró al colectivo Estudio 7 y participó en talleres tanto en Honduras como en Estados Unidos, ampliando su lenguaje visual y fortaleciendo su práctica.
Su crecimiento no es inmediato, pero sí como una gota sobre la piedra. Cada obra ha sido y es un ensayo, una búsqueda, una conversación consigo misma. A veces en silencio, otras tantas con música y algunas, con ruidos que buscan perturbar su creatividad pero no lo logran.



El año 2015 marca un momento decisivo con su participación en la exposición Honduras is great. No es solo una muestra colectiva. Es la confirmación de que su obra puede habitar el espacio público, dialogar con otros, ser vista, interpretada, adquirida.
La experiencia de vender una obra, de verla publicada, de recibir la reacción del público, transforma su percepción del arte. Deja de ser algo íntimo para convertirse en un puente hacia los demás.
A partir de ahí, su presencia en el circuito artístico se vuelve frecuente. Participa en más de 25 exposiciones colectivas, tanto a nivel nacional como internacional, incluyendo una muestra en Francia.
Su obra comienza a circular, a desplazarse, a encontrar nuevos ojos.


Pero más allá de los espacios, lo que define su trabajo es su contenido. Ana Handal pinta desde la memoria. Sus series Cristales de agua, Red mágica del bosque, Mi niñez, Arte lenca no son solo exploraciones estéticas, sino narrativas emocionales.
Cada una funciona como un capítulo de una historia más amplia. La historia de quién es, de dónde viene, de cómo se conecta con el mundo.
Uno de los temas más persistentes en su obra es la naturaleza. No como paisaje decorativo, sino como espacio simbólico. A veces grita o susurra, pero lo más importante es que habla, comunica. Dice mucho entre pinceladas.
El mar, los árboles, el agua. Todos aparecen como elementos cargados de significado. El azul su color predilecto no es solo un tono, sino un lenguaje. Es el cielo, el mar, la profundidad, la calma, pero también lo infinito.




Su obra dialoga con la tradición impresionista, especialmente con artistas como Claude Monet, en la manera en que el color y la luz construyen atmósferas más que formas.
Sin embargo, su pintura no busca replicar esa corriente, sino reinterpretarla desde su contexto, desde su experiencia, desde su territorio.
Pero si hay un eje central en su trabajo, es la identidad. La obra Las cuatro mujeres de mis raíces resume esta búsqueda. Es una representación de generaciones, de herencia, de continuidad.
En ella, el arte se convierte en archivo, en memoria visual, en testimonio de una historia familiar que se extiende en el tiempo.
Este interés por las raíces también se refleja en su aproximación a lo cultural. La influencia del arte lenca, de las tradiciones, de las historias transmitidas, aparece como un eco constante en su producción. No es un intento de representar lo folclórico, sino de comprenderlo, de integrarlo, de hacerlo propio.


Al mismo tiempo, su obra no evade lo social. En una de sus series aborda la violencia contra la mujer, un tema profundamente arraigado en la realidad hondureña.
Es un recordatorio de que la pintura también es una forma de resistencia, de reclamo a una sociedad que venda sus ojos a la realidad.
En su proceso creativo, el tiempo juega un papel fundamental. Ana Victoria Handal Canahuati de Abufele no trabaja desde la urgencia, sino desde la pausa.
Puede dejar una obra durante meses, incluso años, hasta encontrar el camino para terminarla. Este gesto, lejos de ser una debilidad, es una declaración de su forma de entender el arte.
Para ella, cada obra es algo vivo, en constante transformación. Siempre está ávida de más. No desprende nada al azar, porque siempre lo concluye a su manera.
Su rutina diaria refleja esta disciplina silenciosa. Comienza temprano, organiza ideas, lee, escribe, dibuja. A veces pinta en silencio absoluto; otras, se deja acompañar por la música. Pero siempre hay algo constante en ella es la necesidad de crear.

A lo largo de su trayectoria, también ha explorado distintos medios: cerámica, grabado, textiles. Esta experimentación responde a una inquietud permanente, a la certeza de que el arte no tiene una única forma. Cada material ofrece una posibilidad distinta, una nueva manera de decir.
En el contexto hondureño, su historia también refleja los desafíos de ser artista. La falta de espacios, la necesidad de apoyo institucional, la desigualdad de género: todos son elementos que forman parte del paisaje en el que se desarrolla su obra.
También existen esfuerzos por cambiar esta realidad, como las iniciativas del Instituto Hondureño de Cultura Interamericana IHCI y exposiciones colectivas que buscan llevar el arte a más personas.
En medio de estas limitaciones, Ana Handal continúa creando. No desde la grandilocuencia, sino desde la constancia. Su arte no busca imponerse, sino resonar.

En tiempos donde la tecnología redefine el concepto de arte con la aparición de la inteligencia artificial y nuevas formas digitales, ella mantiene una postura abierta pero crítica.
Reconoce el valor de estas herramientas, pero defiende la experiencia única de la obra física. La textura, el color, la presencia, porque hay algo en la pintura que no puede ser replicado y es la huella del gesto humano.
Su historia, en última instancia, es la de una artista que nunca deja de ser aprendiz. Ella entiende el arte no como un destino, sino como un camino. Encuentra en cada obra, una posibilidad de volver a empezar.





Ahí radica su esencia: en esa capacidad de detenerse, de observar, de escuchar el silencio antes de pintar.
En ese gesto simple pero profundamente humano de tomar un pincel y preguntarse, una vez más, qué historia necesita ser contada.
¿Cuándo nace el interés por el arte en la vida de Ana Victoria Handal de Abufele?
Desde mi niñez siempre me gustó dibujar y pintar. Era algo que disfrutaba mucho hacer desde pequeña, así que aprovechaba en la escuela para aprender con mis maestros y participar en las actividades relacionadas con el arte.
Siempre me involucraba en todo lo artístico que se presentaba. Luego, mis papás también apoyaron ese interés y me llevaron a tomar clases fuera de la escuela, lo cual fortaleció aún más mi gusto por la pintura y el dibujo.
¿Recuerda sus primeras pinturas?
¡Sí! Recuerdo que una de las primeras cosas que hice fue un mural junto a mi mamá para una obra de teatro cuando estaba en cuarto grado.
Fue una experiencia especial porque combinaba el arte con algo escénico. Después, también realicé otras pinturas que todavía se conservan en casa de mis padres. Una de ellas es una escena con una puerta y una casita y otra representa a una mujer tejiendo un petate.
Esas son de las primeras obras que realmente se quedaron en mi memoria y que marcaron el inicio de mi camino artístico.
¿Cuándo decide dedicarse al arte de manera formal?
Hubo un momento importante en mi vida en el que se dio un cambio. Una amiga me invitó a tomar clases de pintura con Margarita Rodríguez y ese fue un punto clave porque retomé el arte con más seriedad.
Ahí volví a conectar con la pintura de una forma más profunda, más consciente, y eso me ayudó a visualizarlo como algo que podía formar parte importante de mi vida.



¿Cómo se consolida ese deseo de ser artista?
Ese momento se consolidó cuando participé en una exposición en el año 2015 llamada “Honduras is great”. En esa exposición presenté entre 10 y 12 obras en las que pude experimentar con diferentes técnicas. Mi temática principal era el mar, incluyendo tanto animales marinos como paisajes.
Fue muy significativo porque una de mis obras apareció en el periódico y desde ese momento se vendió rápidamente. Eso me hizo darme cuenta de que mi trabajo podía tener un impacto real en las personas.
¿Cuál ha sido su obra más significativa?
Creo que mi obra más significativa es “Las cuatro mujeres de mis raíces”, porque cuenta una historia muy personal y profunda. Representa a cuatro generaciones de mi familia: mi abuela, mi mamá, mi hija y yo.
Es una obra que conecta con la identidad, con el origen y con el legado familiar, y por eso tiene un valor muy especial para mí.
¿Cómo inicia normalmente su día como artista?
Actualmente trato de comenzar mi día temprano, alrededor de las 8.00 am. Lo primero que hago es organizar mis pensamientos.
Me siento en mi escritorio, reviso mi lista de pendientes y dependiendo del día, puedo comenzar leyendo sobre temas que me interesan, investigando técnicas o simplemente haciendo bosquejos. Es importante para mí empezar el día con claridad mental.


¿Qué es lo primero que observa al entrar a tu estudio?
La montaña El Merendón. Tengo la fortuna de poder verla desde mi estudio y eso me encanta, porque me conecta con la naturaleza y me inspira desde el inicio del día.
¿Hay algo que siempre necesita tener cerca cuando trabaja?
Siempre necesito tener mis cuadernos de anotaciones, una pluma o un lápiz. Me gusta escribir ideas o hacer bosquejos en el momento en que surgen. Si no tengo eso a la mano, utilizo las notas de mi celular, pero siempre necesito registrar lo que pienso o siento.
¿Prefiere pintar en la mañana o en la tarde?
Prefiero trabajar durante el día, tanto en la mañana como en la tarde, mientras haya luz natural. Cuando oscurece se me dificulta ver bien los colores, así que trato de aprovechar al máximo la luz del día.


¿Le gusta trabajar con música o en silencio?
Generalmente prefiero trabajar en completo silencio, porque eso me ayuda a concentrarme mejor. Sin embargo, hay momentos en los que, dependiendo de la emoción que quiero transmitir en una obra, escucho música; ya sea clásica u otro género que me ayude a conectar con lo que estoy creando.
¿Qué pasa por la mente de Ana Victoria Handal de Abufele cuando trabaja en silencio?
Realmente nada, es un silencio total. Ese estado me permite concentrarme profundamente y avanzar más rápido en mis obras.
¿Qué hace cuando no tiene ganas de pintar?
Cuando no tengo ganas de pintar, busco otras formas de inspiración. Leo libros de arte, investigo sobre otros artistas, veo obras o incluso leo sobre la vida de artistas. Eso me ayuda a reconectar con la creatividad.



¿Ha dejado alguna obra sin terminar por mucho tiempo?
Sí, me ha pasado varias veces. Hubo una obra que estuvo aproximadamente cinco años sin terminar porque llegó un momento en que no sabía hacia dónde llevarla. Pero suelo trabajar en varias obras a la vez y eso me ayuda a tomar distancia.
Luego regreso con una nueva perspectiva y logro terminarla. Esa obra incluso fue presentada en el Salón Nacional de Arte.
¿Alguna vez dudó de seguir siendo artista?
Muchas veces. Sobre todo cuando me preguntaba qué pintar. Esa incertidumbre es difícil, pero aprendí algo muy importante de mi maestra Margarita: hay que trabajar todos los días, aunque sea un pequeño dibujo. La constancia es clave para mantener viva la creatividad.
¿El arte ha quedado en segundo plano en su vida?
Sí, en varias etapas, especialmente por responsabilidades como el trabajo o la familia, pero siempre regreso al arte porque es una parte esencial de mí.

¿El arte le ha ayudado en momentos difíciles?
Definitivamente. Me ayuda a enfocarme en cosas positivas y a encontrar belleza en lo cotidiano. También me ha ayudado a conectar con la naturaleza, lo cual influye mucho en mis obras actuales.
¿Qué ha aprendido sobre sí misma a través del arte?
He aprendido que siempre puedo seguir aprendiendo y experimentando. No tengo miedo de empezar de nuevo cuando algo no me gusta. El arte me ha enseñado resiliencia y también ha conectado con mi lado científico, ya que me gusta entender el porqué de las cosas.
¿Qué le diría a quienes creen que el arte es una pérdida de tiempo?
Que el arte es esencial para la sociedad. Nos aporta creatividad, sensibilidad, conexión emocional y bienestar. Nos ayuda a sentir, a reflexionar y a encontrar belleza en la vida.



¿Cuándo sintió que el arte podía ser su camino de vida?
Sentí que podía tomar el arte como un camino más serio cuando empecé a recibir invitaciones para participar en exposiciones importantes como en el Museo de Identidad Nacional MIN y en el Banco Central de Honduras BCH.
Esas oportunidades me permitieron mostrar mi trabajo a más personas y ver que había interés genuino en mis obras. Eso me motivó a tomarlo con más compromiso y a verlo como una parte fundamental de mi vida.
¿Cuál fue la primera vez que alguien se identificó con una obra suya?
Recuerdo que fue en el 2015 con una obra llamada ‘Llegada a cayos Cochinos’. Era un paisaje con una influencia impresionista, con colores suaves y luminosos.
A muchas personas les llamó la atención y varias se acercaron a decirme cuánto les gustaba. Incluso me llamaron por teléfono para comprarla después de verla en el periódico, lo cual fue una experiencia muy especial.
¿Ha recibido críticas que le hayan marcado?
No he recibido críticas directas muy fuertes, pero sí he escuchado comentarios cuando estoy en exposiciones. A veces pueden ser difíciles de escuchar, pero he aprendido que depende mucho de quién venga la crítica. Algunas pueden ser constructivas y otras simplemente se dejan pasar.

¿Alguna vez alguien ha interpretado su obra de forma distinta a lo que pensaba?
Sí, especialmente con una serie que hice llamada ‘Cristales de agua’. Está inspirada en un experimento sobre cómo las emociones afectan la estructura del agua. Hice cuatro obras: dos representaban agua limpia y fluida, y las otras dos agua estancada.
Una persona que las compró dijo que las usaría como recordatorio de no quedarse estancada en la vida, lo cual fue una interpretación muy distinta pero muy bonita.
¿Cuál es la exposición que recuerda Ana Victoria Handal de Abufele con más cariño?
La primera ‘Honduras is great’, porque fue emocionante compartir ese momento con mi familia, mis amigas pintoras y todas las personas que llegaron a apoyarnos. Fue una experiencia que marcó el inicio de muchas cosas.
¿Alguna obra cambió completamente durante su proceso?
Sí, me ha pasado varias veces. Recuerdo un paisaje que no lograba como lo imaginaba. Lo dejé por un tiempo y luego, al retomarlo con otra perspectiva, encontré la forma de terminarlo.
Al final, esa obra también fue vendida, lo cual demuestra que los procesos pueden cambiar y aún así tener buenos resultados.





¿Ha habido una pintura que marcó un antes y un después en su carrera?
Una pintura de los macuelizos. Fue con mucha textura y colores intensos, con una fuerte influencia impresionista. A muchas personas les gustó y generó bastante interés, lo que la convirtió en un punto importante en mi desarrollo artístico.
Qué le inspira más: ¿personas, lugares o historias?
Creo que las historias. Por ejemplo, hice un proyecto recopilando recetas familiares, donde compartimos momentos con mi mamá, mi abuela y mis tías. Eso me permitió conocer más sobre mis raíces y entender que nuestras historias son parte esencial de lo que somos.
¿Cómo describe ser artista en Honduras?
Es difícil, especialmente siendo mujer. He visto que hay menos reconocimiento y menos oportunidades en comparación con los hombres. Sin embargo, hay muchas mujeres talentosas que tienen mucho que aportar. Es importante seguir trabajando para visibilizar ese talento.


¿Qué se necesita para fortalecer el arte en el país?
Más apoyo institucional, tanto del gobierno como del sector privado. Es importante contar con más espacios como museos y galerías accesibles para todos los artistas, no solo para algunos. También es fundamental acercar el arte a más comunidades.
¿Qué otras disciplinas artísticas le interesan?
Me gusta trabajar con cerámica, grabado y también con telas y pigmentos naturales. Me interesa mucho experimentar con diferentes materiales y técnicas.
¿Qué proyectos le gustaría desarrollar en el futuro?
Me gustaría hacer obras de gran formato, proyectos interactivos y también colaborar con otros artistas. Siento que el trabajo en conjunto puede generar propuestas muy interesantes.



¿Qué técnicas utiliza Ana Victoria Handal de Abufele frecuentemente?
Principalmente utilizo acrílicos, pero también trabajo mucho con texturas, incorporando otros materiales para enriquecer las superficies de mis pinturas.
¿Qué significan los árboles en su obra?
Los árboles representan las raíces, la conexión con nuestras generaciones pasadas y el sentido de pertenencia. Son una forma de expresar de dónde venimos y cómo estamos conectados con nuestra historia.
¿Autodidacta o formación académica?
Creo que ambas son importantes. Es fundamental tener una base, pero también es necesario ser autodidacta, porque el aprendizaje nunca termina.




¿Qué le gustaría que sintiera alguien al ver tu obra?
Que sienta algo, ya sea alegría, tristeza o reflexión. Lo importante es que la obra genere una emoción y conecte con la persona.
¿El arte tendrá un final en su vida?
No. Me gustaría seguir creando hasta el último día. Siento que es una necesidad constante en mi vida.
¿Que piensa de las declaraciones de Thimothy Chalamet sobre el ballet y la ópera?
Creo que el ballet y la ópera son la base de muchas expresiones artísticas actuales. Aunque algunos piensen que ya no son relevantes, siguen siendo fundamentales para entender el arte y la cultura.


¿Ana Victoria Handal de Abufele ha abordado temas sociales en su obra?
Sí. Hice una serie sobre la violencia contra la mujer, un tema importante en nuestra sociedad. Creo que el arte también puede ser una forma de hacer conciencia.
¿Qué opina del arte digital y la inteligencia artificial?
Me parece interesante, especialmente el trabajo de artistas que utilizan inteligencia artificial de manera creativa. Sin embargo, no creo que reemplace la experiencia de ver una obra física, con sus texturas y colores reales.
En un país donde el talento muchas veces crece en silencio, el respaldo marca la diferencia. Banpaís se consolida como un referente en el apoyo al arte hondureño, apostando por quienes construyen identidad desde la creación.



