
Conozca a Franklin Saúl Fugón Reyes, docente del especial del Día del maestro Honduras 2026 by ICONOS Mag
Franklin Fugón cree que muchas veces un estudiante necesita que alguien lo escuche y lo motive a triunfar
ICONOS Mag
Texto Maria Cartagena / Fotos Ángel Gabriel Sarmiento
16 septiembre, 2026
San Pedro Sula. Hay nombres que quedan grabados para siempre en la memoria del corazón, de esos que al pronunciarse nos devuelven de inmediato a la calidez de una aula de clases, al sonido de la tiza o el marcador sobre la pizarra y a la certeza de que alguien creyó en nosotros cuando más lo necesitábamos: Franklin Saúl Fugón Reyes es el maestro que inspira esta entrevista.


Con la llegada del Día del maestro en Honduras, me he sumergido en una labor que trasciende del mero ejercicio periodístico. Con las palabras de esta periodista y alumna por siempre, quiero transmitir lo que significan los profesores para el desarrollo de la sociedad.
A través de la visión editorial de la revista digital ICONOS Mag, enaltezco la docencia como un pilar fundamental en la vida de todas las personas.
Este 17 de septiembre deseo que cada persona que lea este escrito valore la labor de quienes construyen el futuro de Honduras con educación, el cual está decadente.
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Mi viaje para contar esta historia me llevó a reencontrarme con la raíz misma de la enseñanza. Al recibir la llama de mi jefe, líder y mentor y escuchar la pregunta ¿Ya tenés a tu profesor para el especial del Día del maestro? Mi respuesta en el instante fue: No, los maestros de hoy en día en vez de marcar a los alumnos y ser un apoyo, son un marca negativa en la vida de sus estudiantes.
Luego de eso, empecé a retroceder en los catedráticos que tuve en la universidad, pero ahí no estaba la persona ideal para inspirar este reportaje.
Seguidamente recordé quienes marcan la infancia, mis maestras de primaria, eran una buena opción: me enseñaron lo básico para forjar mi calidad estudiantil, pero de ahí tampoco recibí la corazonada. Aunque siempre agradeceré la grandeza, cuidados y lo bien que la pasé en esa etapa de mi vida.
La verdadera conexión surgió mientras cursaba mis estudios de bachillerato en el instituto José Trinidad Reyes de San Pedro Sula.
Para saber por qué el docente Franklin Saúl Fugón Reyes es el protagonista de mi historia, les compartiré mi mayor debilidad académica: las matemáticas.


Desde séptimo grado mi deficiencia en la asignatura aumentó y no por no poner esfuerzo de mi parte. Aseguro, fue por el desgaste de la maestra quien impartía la temida clase.
Tras señalamientos como este trabajo es una cochinada y si no sabe nada no venga a la escuela, entre otros que he ido olvidando con el pasar de los años, se nota una falta de pasión al ejercer la profesión más importante de todas: la docencia.
Es claro que los docentes no saben el daño, las enseñanzas o los recuerdos que pueden dejar marcados en los niños y adolescentes que pasan por sus aulas.
Retornando a undécimo cuando grado conocí al licenciado Franklin Saúl Fugón Reyes. Me topé con un docente que no era abusivo psicológicamente y que no realizaba comentarios con doble sentido a sus alumnas como había conocido en años anteriores.
Conocí a un maestro cuyo liderazgo pedagógico ha logrado lo que para muchos parece un imposible: hacer que la matemática deje de ser un temor para convertirse en un lenguaje de superación y vida.


Para comprender la grandeza de un educador hay que volver a sus orígenes. Franklin Saúl nació en El Negrito, Yoro del matrimonio entre Sonia Reyes y José Fugón. Sus primeros pasos académicos fueron en la escuela Juan Ferrera Vargas y en el instituto María del Carmen.
Fue en la emblemática escuela normal mixta Valle de Sula de San Pedro Sula donde abrazó la vocación primaria de ser maestro de educación primaria.
Siempre motivado por su madre, consolidó su título como profesor de matemáticas en el grado de licenciatura en la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán Upnfm. Posteriormente obtuvo su maestría en matemática educativa.
Con diez años de trayectoria docente, su huella ha quedado marcada en instituciones como el instituto José Trinidad Reyes e instituto María Auxiliadora.
Además, la Universidad Tecnológica Centroamericana Unitec y el Centro de Formación Permanente Valle de Sula.
Actualmente comparte su sabiduría y rigor académico entre las aulas del Centro Técnico Hondureño Alemán y Western International School.



Su idilio con la docencia no fue un hecho fortuito; se gestó en su propia etapa secundaria mientras participaba en competencias intercolegiales.
«Desde temprano comprendí que no solo disfrutaba resolver problemas matemáticos, sino también explicar cómo llegar a una solución a mis compañeros de clase a quienes inicialmente les parecía difícil».
En ese camino, la figura de su propio profesor de secundaria, Jairo Martínez, dejó una impronta imborrable: «Él me hizo entender que esta disciplina va mucho más allá de aplicar fórmulas. Me enseñó a razonar, a buscar diferentes caminos para resolver un problema y sobre todo a no rendirme cuando una solución no aparecía de inmediato».


Entrar a una clase del maestro Franklin Fugón es entender que no hay asignaturas difíciles cuando existe la metodología correcta y la empatía necesaria.
Para él, enseñar a jóvenes de séptimo a décimo grado o preparar a mentes brillantes desde cuarto hasta duodécimo grado para las Olimpiadas de matemáticas, exige que el alumno se convierta en el verdadero protagonista de su aprendizaje.
Trata de generar confianza partiendo de situaciones problemáticas, preguntas retadoras y herramientas digitales interactivas que despierten la curiosidad.
Asegura que cuando un estudiante resuelve algo que inicialmente consideraba imposible, descubre que también es capaz de superar cualquier dificultad en la vida.
Lejos de imponer una disciplina rígida e inflexible, concibe el aula como un laboratorio de vida donde cada estudiante aprende a un ritmo distinto.
Si percibe desánimo o siente que un tema no conecta con el grupo, no duda en detenerse, cambiar la dinámica, plantear un ejemplo más cercano a la realidad o simplemente hacer una pausa para escuchar.


Hay una faceta invisible en la docencia que no aparece en los libros de texto ni en las planificaciones académicas. Es la capacidad de escuchar, orientar y ser faro en la etapa adolescente.
Durante una charla, me confesó que «muchas veces un estudiante necesita que alguien lo escuche, lo motive o simplemente crea en él. Como docentes influimos no solo en su formación académica, sino en su crecimiento personal«. Y un día yo estuve de ese lado de la historia. Más que un profesor encontré el significado de la confianza.
Esa fe inquebrantable en sus alumnos ha dado frutos extraordinarios que trascienden las fronteras nacionales.
El máster Fugón es el artífice detrás de numerosos jóvenes que han representado con honor a Honduras en olimpiadas internacionales de matemáticas.
Detrás de cada medalla colgada en el pecho de un estudiante, hay jornadas extensivas de estudio fuera de horario. Además meses de entrenamiento en razonamiento lógico y una dedicación absoluta.


El pensador Paulo Freire afirmaba que la educación cambia a las personas que van a cambiar el mundo. Para el docente Franklin Saúl Fugón Reyes el verdadero sentido de ser maestro en la Honduras actual radica en asumir una responsabilidad social profunda.
Comprender que cada joven que cruza la puerta del aula es una oportunidad dorada para construir un país mejor.
Al pedirle que defina en una sola palabra lo que siente al ingresar cada mañana a un salón de clases, no ha dudado ni un segundo: inspirar.
«Significa tener una nueva oportunidad de despertar en los estudiantes el deseo de aprender, de pensar y de descubrir sus propias capacidades. Enseñar no es transmitir conocimientos, sino dejar algo en cada estudiante que pueda acompañarlo más allá del aula. Lo que hace que cada desvelo y cada sacrificio valgan la pena es ver el crecimiento de mis estudiantes. El saber que contribuí a transformar sus vidas. No hay mayor recompensa que ver a un estudiante convertido en un profesional de bien para la sociedad hondureña».


Frente a los desafíos de la era digital y las nuevas distracciones en el aula, le pregunté por la virtud que un buen docente jamás debe perder. Su respuesta fue contundente.
Me aseguró que aunque las tecnologías cambien y las metodologías evolucionen, la cualidad indispensable seguirá siendo la capacidad de conectar con los estudiantes desde la empatía y la vocación genuina de enseñar.
El docente Franklin Saúl Fugón Reyes comparte un consejo dirigido a las nuevas generaciones de maestros en el país. «Nunca olviden que están formando personas y no solo enseñando materias. Recuerden que el dominio académico debe ir siempre tomado de la mano de la empatía, la vocación y el deseo de aprender siempre».

Al momento de reencontrarme con mi maestro, fue inevitable que no recordara a las generaciones de exalumnos que han pasado por sus aulas.
«Es una satisfacción especial saber que, en alguna etapa de su formación uno pudo contribuir con un conocimiento. Con un consejo, una palabra de motivación o simplemente con el ejemplo».
Al escuchar su respuesta, me vi reflejada en ese grupo de jóvenes que alguna vez tuvo la cabeza llena de dudas, sueños y temores hacia el futuro.
Escuchar que cada esfuerzo, cada palabra de aliento y cada clase cobra sentido al vernos convertidos en profesionales, me hizo comprender la verdadera grandeza de su vocación: un maestro nunca enseña para el presente, sino para la eternidad.
Ha sido un placer para mi yo profesional crear esta entrevista y conocer la realidad de los docentes hondureños. Se convirtió en un bálsamo en el corazón de la adolescente que convirtió sus debilidades en fortalezas.


En honor al Día del maestro de Honduras, espero disfruten leyendo este escrito tanto como yo disfruté creándolo. Un agradecimiento especial a mi mentor y maestro Sabino Gámez. Gracias por alentarnos siempre a ver el futuro y creer en nuestro potencial.



