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Soprano Isabel Salgado: adiós a la única, la grande, la mejor de todas

Tegucigalpa. Los grandes de Honduras, poco a poco nos dicen adiós. Ha fallecido la soprano hondureña Isabel Salgado, viuda del afamado e inmortal pintor nacional Mario Castillo.

Soprano Isabel Salgado
La última foto en vida la captó el documentalista artístico y fotógrafo Rubén Merlo, amigo personal de los esposos Castillo Salgado. El prestigioso artista del lente tiene el archivo gráfico de los recuerdos más memorables de la soprano Isabel Salgado y el pintor Mario Castillo. Foto Rubén Merlo – Exclusiva para ICONOS Mag

En otros países, cuando una grande de la talla de esta eminencia muere, hay duelo nacional. Los medios de comunicación se enlazan para honores póstumos.

Lastimosamente, esta auténtica diva de bel canto, no ha tenido el impacto mediático que merecía su fallecimiento, para aplaudirla y despedirla por lo brillante que fue.

Así de bella y toda una dama de época era Isabel Castillo, en una reproducción fotográfica de Rubén Merlo – Exclusiva para ICONOS Mag

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Tenía 90 años, era hija prodigio de la ciudad de Tela, Atlántida y hoy, después de una brillante trayectoria y una vida ejemplar, ya descansa para la eternidad.

Fue una mujer sobrada. Tenía talento, cultura, clase, estudios y, por supuesto, una voz incomparable, irremplazable e inolvidable.

Desde joven descubrió su pasión por el canto. Se mudó a Tegucigalpa, donde el austriaco John Rexise, fue su primer maestro en la formación como soprano.

Después de un tiempo, viajó a Roma, Italia. De inmediato, inició clases en el conservatorio Santa Cecilia de Milán, porque ella quería de todo corazón, profesionalizar su sueño como cantante superior.

Viviendo en Italia, en 1952 conoció al mejor retratista que ha tenido Honduras, el artista y pintor Mario Castillo; de quien se enamoró para toda la vida y después de la muerte.

Allá se casaron. Justo un 15 de septiembre de 1954, llegaron al altar y los retratos oficiales los protagonizaron en plena Plaza de Michelangelo en el Campidoglio.

soprano Isabel Castillo
Mario e Isabel contrajeron nupcias en 15 de septiembre de 1954 en Roma, Italia. Sus fotos nupciales y oficiales las captaron en la Plaza de Michelangelo en el Campidoglio. Reproducción fotográfica Rubén Merlo – Exclusiva para ICONOS Mag

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Honduras tiene pocas sopranos y ella, es y será la eterna reina madre, porque al César, lo que es del César.

La soprano Isabel Salgado es única, porque su debut fue en la Ópera Metropolitana de Nueva York.

Será por siempre la grande, porque actuó en el mundialmente famoso Palacio Nacional de Bellas Artes de México y en el teatro Colón de Buenos Aires, Argentina.

Finalmente, la mejor de todas, porque su venerable voz, la hizo merecedora absoluta del prestigioso Premio Nacional de Arte Pablo Zelaya Sierra en el año de 1971.

México también se rindió a los pies de Isabel, la grande. La prensa de Tlatelolco la condecoró con el premio Artistas Distinguidos.

soprano Isabel Castillo
Doña Isabel fue la eterna musa de su amado Mario Castillo. Este es uno de los muchísimos retratos que le pintó a su esposa. Foto Rubén Merlo – Exclusiva para ICONOS Mag

La Nonna, porque así se llamaban de cariño sus amados, era amiga personal en tiempos de estudiante del tenor italiano Franco Corelli, considerado el rey de la ópera en esa época y cuyo sucesor fue Luciano Pavarotti.

Además, la soprano Isabel Salgado puso a Honduras, en el mapa mundial operístico.

De hecho, el afamado diario norteamericano The New York Times publicó un artículo cuyo titular fue She’s for art; He’s for music, que describía el magnífico talento de los esposos Castillo Salgado.

soprano Isabel Castillo
La familia Castillo Salgado ha compartido con ICONOS Mag, diversos recuerdos que sus padres guardaban como legado y ahora son un tesoro.

La única, la grande, la mejor de todas; ya goza eternamente del amor de su vida Mario Castillo, con el que formó una familia admirable de tres hijos y varios nietos.

Fue sepultada en el cementerio Las Casitas, junto a la persona que más la hizo feliz en vida, y ahora ya canta desde el cielo con su inmaculada voz dulce.

Hoy, aunque no existen videos en digital para contemplar su magno talento, nos quedan los maravillosos retratos que su esposo le pintó una y otra vez, porque definitivamente doña Isabel siempre fue la musa de don Mario.

Fragmento tomado del libro sin publicar Vivir para pintar

A principios de los años setenta, surge el famoso taller de La Merced, del cual Mario Castillo nunca formó parte y explica que en el fondo, tenía reservas por la forma en que pictóricamente se trataban los temas pero “en verdad nunca estuve allí, jamás me invitaron, de hacerlo, lo hubiera considerado; yo tenía una forma de pintar que a lo mejor no complacía el gusto de mis compañeros y aunque no siempre me dejé llevar por ideologías pude haber participado de ese taller porque yo tenía una respuesta desde la pintura”.

En este largo proceso de trabajo continuo, nunca se sintió solo, alternó su carrera con la magnífica profesión de su esposa Isabel Salgado que se dedicó al canto.

Ambos se conocieron en Roma en 1952, ella ya estaba en la capital italiana estudiando su especialidad que la llevó a ser soprano lírico ligero.

Con nostalgia el artista desliza sus recuerdos y nos dice: “Héctor Gálvez, barítono de gran calidad, me acompañó al condominio donde ella vivía, entré al apartamento, Isabel venía saliendo del baño con una toalla envuelta en la cabeza, me gustó mucho pero hice ver todo normal, procuré que Héctor no advirtiera que la belleza de esa dama me había conmovido. Pronto pasé a ser su vecino, esta circunstancia me permitió conquistarla y casarme con ella el 15 de septiembre de 1954. Es increíble pero a Isabel la tengo tan interiorizada que a veces pintando me aparece su rostro y siento que la imaginación renueva mi trabajo

Mario e Isabel se convirtieron en una pareja paradigmática, es así como el Departamento de Estado del Gobierno norteamericano, en octubre de 1964, los invita a un viaje cultural que emprenden junto a sus hijos, la estadía duró cuarenta y cuatro días.

El titular de la nota periodística expresa la simbiosis sentimental y profesional que ha integrado la vida de esta pareja: She is for art: he is for music, la traducción genera el siguiente contrapunto: ella es para el arte, él para la música. Efectivamente, la vida de estos dos artistas ha sido intensa, siempre se han complementado; las páginas sociales o los suplementos culturales tienen abundantes notas que patentizan esta fraterna solidaridad de don Mario y doña Isabel.

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