El Viernes de Nicole

Amores platónicos

¡No van a creer lo que me pasó la semana pasada! Es que de verdad, ¡wow! Como alguien te puede matar las ilusiones es increíble, jajaja. Yo soy una romántica empedernida. No tengo ni que estar enamorada de alguien para vivir enamorada del amor. A mi me encanta el tema de amor en todos sus aspectos. Eso de estar enamorada, aunque creo que debería ser considerado un estado de inimputabilidad, a mi me parece sencillamente maravilloso. Y es que cuando uno anda enamorado todo brilla, uno brilla, se pone uno mas “bonistrillo”. Te hace creer, de verdad, que todo es posible. Después de esta descripción del amor, entienden que si, soy una romántica. La cosa va así: desde que era muy chiquita me encantaba, trastornaba, fascinaba un niño. Él es hermano de una niña que fue compañera mía en la escuela. Es que yo no les puedo ni comenzar a explicar cómo babeaba y suspiraba por él. Obviamente, él ni sabía que existía. Era de las amiguitas insoportables de su hermana y él era este bombonsote mayor, que no se iba a estar fijando en una pulga chorreada, con las rodillas raspadas y despeinada. Resulta que ellos se fueron de Honduras. No volví a ver a mi amor de infancia, el causante de mis suspiros y desvelos. La vida pasó, y ¿que creen? Hace como unos 4 años, ¡LO VOLVÍ A VER! ¡Estaba más guapo que nunca! Ya la edad no era un factor trascendental. Yo ya me peinaba y estaba mejorcita que en mis años de colochera escandalosa.  Tuve la fortuna de encontrármelo en una graduación. Yo andaba bien bonita y él parecía príncipe azul. No es que yo sea penosa, pero no le iba a ir a declarar mi amor eterno, entonces una amiga que conocía mis sentimientos le dijo “¡Llévala a bailar! ¡Hacéle la noche”! Creo que él se sintió comprometido y obviamente me llevo a bailar. Bailamos una canción, yo andaba ya bien “contentita” y después de ese mágico baile, mucho más “contentita”.  Fue tan increíble que hasta una foto me tomé con él. No me cabía el caracol de la alegría. No les puedo ni comenzar a explicar las mariposas que yo sentía. Me duró siglos este sentimiento. Soñaba con él y hasta me imaginaba volverlo a encontrar. De verdad, era de esos amores platónicos arraigados muy, pero muy adentro. Cabe aclarar, que no era de esas psicópatas locas, no, era un amor solo de ojos.

Foto: El Viernes de Nicole

El tiempo siguió pasando y la verdad no volví a ver a mi amor platónico. El sábado pasado, me lo encontré en un evento. Si, seguía guapo, pero escuché su conversación y cómo les puedo decir que casi me muero. No lo juzgo. Sin embargo, yo pensabas que debajo de toda esa guapensía había algo más sustancioso. Su plática resultó, para mí, frívola y vacía. La verdad me lo imaginaba tan distinto. La noche que bailamos hacía tantos años, no hablamos, y creo que mi emoción era tanta que honestamente no me interesaba lo que dijera. Esta vez, aquel amor que yo había puesto desde hace tantos años en un pedestal, se cayó por completo. La burbuja se reventó. Tanta fue mi decepción que ni si quiera sentí mariposas en el estómago, ni me acerqué a saludar. Fue como agarrar una globo y explotarlo. Gabriel García Márquez escribió, “Es verdad hay sentimientos que es mejor que se queden en lo platónico; y es mejor recordarlos así, irreales, inacabados, porque eso es lo que los hace perfectos”. Cuanta razón tenia. Nosotros los humanos siempre estamos acelerados. Siempre buscamos conseguir aquello donde descansan nuestros anhelos y sueños. Es tanta nuestra insistencia que a veces arruinamos aquello que hemos idealizado. En lo particular creo que hay sentimientos que es mejor mantenerle perfectos, intactos, e incluso irreales. No es que los estoy llamando a ser mediocres, ni a no perseguir sus sueños, porque no es así. Pero si considero que hay sentimientos que sería mejor conservarlos como están, no reventar la burbuja en la que los tenemos. Es bonito tener algo en que nos inspire aunque no sea real. Cuando yo escuché a mi amor platónico hablar, fue como que me cayera una bomba atómica y ¡puff! no quedaba nada. Me despedí de todo aquello que yo consideraba idílico. Fue una realidad avasalladora la que despertó en mi. Todo lo que yo me podía imaginar bello del amor platónico desde los sueños de infancia, había muerto muy literalmente en un abrir de boca. Al día siguiente les conté a mis papás mi tragedia y ellos no paraban de reír. No podían creer que mi desencanto llegara a tanto. Me dijeron que fue lo mejor porque dejé de idealizar a alguien que no es lo que yo pensaba. Con un mega suspiro les conteste que la ignorancia es felicidad y que hubiese preferido mantener este sentimiento y pensamiento irreal y perfecto. Los amores platónicos son para eso, para mantenerlos alzados en nuestro corazón y atesorarlos, no materializarlos. Así que mis pequeños y dulces saltamontes, consejo de su escritora favorita: ¡NO DEJEN QUE LES ARRUINEN SUS AMORES PLATÓNICOS! Todo aquello que ustedes guarden en sus corazones y sea sagrado, no dejen que se les arruine. Realmente lo mío fue un “lapsus calami”, y ya no hay más idealización de aquel sentimiento tan lindo. Espero que de verdad nunca les pase. 

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