El Viernes de Nicole

Educación hondureña

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Hace unas semanas fui invitada a la escuelita en la cual soy maestra para dar una charla. La charla era orientada al tema de la necesidad de recreación que tienen los niños y como es deber de los padres fomentar esta práctica. Mi audiencia no era la más asertiva, ya que los padres no están muy a favor de la recreación infantil. Sin embargo, pese a murmuras y opiniones muy contrarias, les logre explicar lo importante que es para un niño recrearse, jugar y aprender jugando.

Cuando la charla finalizó, los padres se acercaron a mí. Me preguntaban que qué hacían ellos con los problemas de la escuela.  Cuando me hablaban a groso modo, entendí por “problemas de la escuela” lo normal; que tal vez necesitaban materiales, algo de los uniformes, las inundaciones con las lluvias, en fin, mil cosas cruzaron por mi cabeza, menos las que estaba a punto de escuchar. Cuando los padres comenzaron a hablar me decían de manera muy preocupada que no les querían aceptar a ciertos niños el año entrante, que no se está repartiendo la merienda escolar (entiéndase por merienda, arroz con leche), y que los libros no se han cambiado.

La verdad que mi cabeza y mi enojo se quedaron en la frase “No nos quieren aceptar a los niños el otro año”. Yo sentía que me estaban jalando las orejas. ¿Cómo es posible que alguien pueda marginar la educación? Una educación tan necesaria en una zona tan conflictiva, y la única y pequeña oportunidad que un niño sampedrano pueda tener acceso a una educación.

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Comencé a escuchar con atención, y poco a poco mi corazón se hacía más chiquito. Estos padres me describían una realidad que no era ajena a mí, pero que pensaba que iba mejorando. Llegar a negarle la educación pública a un niño, me parece de los crímenes más crueles que alguien puede hacer. Hablando con los padres, les prometí darle seguimiento y saber qué era lo que estaba pasando.

Según la Real Academia Española, la educación es la formación destinada a desarrollar la capacidad intelectual, moral y afectiva de las personas, de acuerdo con la cultura y las normas de convivencia de la sociedad a la que pertenecen. De acuerdo a este significado, la escuelita, y en general la educación pública en Honduras, distan mucho de ese glorioso significado. El estado de Honduras se encuentra en una crisis educacional, ya que el ritmo de crecimiento de la población y las demandas de la economía no se dan abasto.
El promedio de escolaridad del hondureño es apenas de 7 años, si es que tienen suerte. Actualmente, el sistema educativo de Honduras sostiene el segundo peor rendimiento en América Latina. Yo no pretendo criticar, no pretendo ser una mala hondureña, pero ¿qué pasa? ¿Por qué no le estamos prestando atención a un asunto tan importante? ¿Por qué nos distraemos en otras cosas y no en la educación y en niños que tanto lo necesitan?  

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No pretendo comparar, sé que no se debe, pero cuando veo donde yo fui a la escuela, las cosas que no valoré, las ventajas que tuve; y veo aquí a maestros que no llegan, que se dan el lujo de decir si aceptan a un niño o no y donde no hay libros, no puedo cerrar los ojos ante tal injusticia. ¿Qué opciones tiene un padre de escasos recursos cuando sus opciones son tan precarias?  La respuesta es fácil: que el niño trabaje, que no vaya a la escuela.

En su artículo 151, nuestra Carta Magna establece que la educación de Honduras es una función esencial del Estado de Honduras para la conservación, el fomento y difusión de la cultura, la cual deberá proyectar sus beneficios a la sociedad sin discriminación de ninguna naturaleza. ¿Me podrían decir ustedes, en qué universo paralelo esto se cumple? ¿Dónde está el ejemplo de lo que nuestra Carta Magna proclama con tanto ahínco?

Finalmente, la Constitución de la República de Honduras dicta, “La erradicación del analfabetismo es tarea primordial del Estado”. Y tristemente, a diario compruebo que es no es así. Que ésta máxima no se cumple. Día a día los hondureños vamos a la deriva en la educación. Discriminamos y marginamos a los más necesitados. Los maestros no tienen ninguna vocación, los entes controladores simplemente no quieren pelear por lo correcto.

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Mientras subía de nuevo a mi trabajo, caminaba muy angustiada, y francamente, con el corazón partido, porque estamos descuidando un aspecto fundamental de nuestra sociedad. Estamos dejando a un lado el pilar más importante, y más temprano que tarde, esto repercutirá en nosotros, si no es que lo está haciendo ya.

Creo que como personas preocupadas por una Honduras que cambia, nos debemos a estos niños, a tratar de mejorar e involucrarnos más.

¡Feliz Viernes!

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