El Viernes de Nicole

La vida es una, ámala

Hace un año exactamente yo estaba pasando la peor experiencia que he tenido en mi vida profesional hasta el momento. Cuando les digo que fue la peor es porque absolutamente TODO se me revolvió. Me denunciaron en mi trabajo por todo lo que se les pudiera ocurrir, casi, casi se acaban en el reglamento poniendo todas mis supuestas faltas. Iban desde abuso de autoridad hasta abuso de pensamiento. Los días que siguieron a la denuncia, bueno cuáles días, los meses que le siguieron fueron horribles. Cada uno de mis movimientos eran sigilosamente vigilados. Tenía un miedo horroroso. Había perdido el sueño por completo, así que aparte de angustiada me veía agotada. Valoré todas las posibilidades y probabilidades, eran atemorizantes.

Siendo el protón de energía positiva que soy, exteriorizaba que todo estaría bien y que cualquiera de los desenlaces sería beneficioso para mi. No importaba cuánto yo me repitiera esto, el miedo no me dejaba. No tenía miedo al despido, pero si a las razones. No quería salir humillada por algo que ni si quiera era cierto. Siempre he pensado que si uno entra por la puerta grande, debe salir por la puerta grande.
Cuando les digo que fue una persecución total, es piropo. Fueron meses terribles para mi y los que me rodeaban. Finalmente, después de este sufrimiento extremo y miles de días de vacaciones pagadas, la investigación cesó. Quede física y mentalmente desgastada. Después de todo lo que había pasado, solo quería salir corriendo. Mi angustia, la de mi familia y la de las personas cercanas a mi fue espantosa.

¿No les pasa que cuando una angustia llega se apodera de todo lo que usted hacen, piensan y hablan? ¿Cuánto nos quitan la paz las tribulaciones? Piensan que no habrá manera de salir de esto. Leemos libros motivacionales, frases, oramos y “lo dejamos en manos de Dios”, pero esa angustia nunca verdaderamente se va. Dejamos de vivir, dejamos de disfrutar y de agradecer cada momento que tenemos porque nos sentimos tan abrumados que hasta llegamos hasta odiar la vida. No entendemos por qué nos pasó esto. Nos sentimos a disgusto con lo que nos pasa y no vemos la salida en nada. Quedamos confundidos y enojados.
Siendo este el tercer viernes de febrero, les vengo a decir que no hay nada como amar nuestra vida. Que nada nos puede quitar la emoción ni la alegría de vivir. Todo en esta vida es pasajero y todo está diseñado para enseñarnos algo. No importa cuánto nos calentemos la cabeza, cuánto se nos quite el hambre, cuantas noches de insomnio tengamos, TODO PASA. El peor día de nuestra vida solo durará 24 horas, se los garantizo. Tenemos la facultad de quitarle poder a todo aquello que nos perturba. Si no existe en nuestra mente, no existe nuestra vida.
A veces es necesario que la vida nos sacuda, para que nos demos cuenta que el tiempo es limitado y hay que aprovecharlo. Basta realmente pasar por la tormenta, para saber que la sobreviviremos y que el desenlace será el que corresponde.
Créanme los días malos son parte de la vida y claro son duros, pero no limitan nuestro amor por la misma. Es más si es posible nos deben de enseñar a amarla aun más. Cuando yo pienso en todas las noches sin dormir, en todo mi estrés, mi cansancio, el pelo que se me cayó y aún no he recuperado, en lo amargada y asustada que estuve, puedo decirles que no valió la pena. Todo pasó, todo fluyó y me dio de las mejores lecciones en mi vida. Desde que atravesé esa tormenta me di cuenta que realmente lo único que existe es aquello a lo que yo le doy poder. Que puedo ver que toda mi preocupación y mi estrés fueron inútiles y no cambiaron nada. Mi peor momento, fue eso, fue un momento, nada lo suficientemente malo para que yo dijera que era una mala vida, lo cual pensé múltiples veces.
Así que después de haber enfrentado el peor problema de mi vida profesional, sufrir, llorar, entregar mis vacaciones, le puedo decir que lo que yo pensé que era un problema, no lo era. Nada es lo suficientemente fuerte para quitar la felicidad y el amor por la vida. Si no tenemos días buenos, pues hay que inventárselos, pero nunca dejar de pensar que la vida es hermosa, maravillosa y que nuestro amor debe ser tal, como si fuera un helado qué hay que comerse antes de que se derrita.

¡Feliz Viernes!

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