El Viernes de Nicole

Mi amiga, la de fuego

Después del Viernes de Nicole conmocionado que tuvimos las semana pasada, me centraré en escribir uno mucho más artístico. Escribiré sobre los arduos caminos que requiere el trabajo hecho a mano, en especial la orfebrería. Sobre cómo la vida y el arte florecen donde hay fuego. Llegué a hacer una entrevista de una hora, con unas cuantas preguntas para una amiga que me ayudaría a expresar la importancia de apreciar el trabajo hecho a mano, para poder redactar este artículo, tomar un par de fotos y chismear un gran rato; y, para mi sorpresa, salí con conocimientos para la vida y un master en “fuego”. Hoy mi Viernes está dedicado a la pasión o a su sinónimo: Maria Echeverri.

Maria Echeverri, como muchos de ustedes saben, es licenciada en mercadotecnia, joyera certificada a nivel mundial por el Instituto Gemológico de America (GIA), orfebre, gemóloga, tasadora, experta en metales, casting y metalurgia. No sé si sabían todo eso, pero si, ese bello y laureado ser humano, siempre radiante y sonriente, que se presta a confeccionar las mejores piezas de joyería, tiene todos estos títulos y más colgando.

Mi amiga, la del fuego 

Creo que como consumidores es difícil imaginarnos el trabajo que lleva lo hecho a mano. Al final del día, nosotros simplemente pagamos por un producto. No nos percatamos del esfuerzo físico, artístico y sentimental que va en cada uno de estos productos. El día de ayer, en aras de que yo me empapara de todo esto, mi amiga, la del fuego, Maria, me propuso un reto: hacer un par de aretes.

Ella tenía preparado todo su taller para mí. Tenía todo dividido y separado para que yo aprendiera la labor de la orfebrería. Yo parecía niña de 7 años en una dulcería sin tener que pagar. Estaba tan emocionada. Maria había adecuado su taller para poder darme una experiencia total de la orfebrería. Así que muy confiadamente, me sentó. Me comenzó a explicar cada técnica. Me explicaba con amor como fundir, cómo limar, cómo cortar. Me enseñaba los elementos de la plata. Sin ningún egoísmo, me PRESTÓ el soplete (QUE ES SENCILLAMENTE SENSACIONAL), para poder darle un diseño a mis aretes. Me prestó el martillo de Thor para moldear los círculos que harían los aretes. Mientras yo ejecutaba con precisión todo lo que mi maestra del día me enseñaba, me fijaba en la posición de las manos de esta artista. Si yo estaba incómoda con ciertas posiciones y eran UN par de aretes pequeños, no me puedo imaginar las incomodidades que ella podía sentir con las piezas que saca día a día.

Yo en mi día de orfebre y mi producto final.

Le pregunté a mi amiga si ella sentía malestares por su trabajo, sonrió picarescamente y comenzó a enumerar sus padecimientos uno a uno. Aparte de múltiples alergias a los metales y alergias respiratorias por los químicos, tiene una diversidad de contracturas musculares, tendinitis, enfermedad del deportista por la repetición del movimiento codo-muñeca. Su columna se ha visto gravemente afecta por la posición en al cual trabaja. Sin contar todos los quemones, cortadas, enterradas de pinzas y de metales que se dan a diario en su taller. Cuando le pregunté por qué no paraba y descansaba un rato para reponerse de sus dolencias, podía ver el mismo fuego del soplete en su mirada que me respondía “Este es mi trabajo y lo amo”.

Con esa respuesta comencé a conocer más a esta brillante artista. Así como mis aretes ya estaban en “cocimiento” para restaurar el color de la plata, así estaba cociéndose mi curiosidad por ella. Maria me contaba como hace años ella era la típica fresona de la universidad. Estudiaba mercadotecnia y se vestía de Kassana, combinando a la perfección sus zapatos y su cartera. Nunca se interesó mucho por su carrera, porque siempre dijo que ella sería diseñadora de joyas. Al finalizar su carrera y ejercer por un breve periodo la misma, su papá le planteó una oferta de: un carro o irse de Honduras a aprender inglés. Conociendo lo que conozco de Maria, ¡JAMÁS imaginé su respuesta! Había elegido carro. Siendo su mamá su apoyo y su compás de vida, con una sencilla y florclórica oración la encaminó, sin saber, a lo que sería hoy el trabajo que ella ama: su fuego.

La enviaron a Inglaterra a una hora de Londres, a Brighton and Hove, conocida como la ciudad de la joyería. Después de llorar todos los días por un mes corrido por querer regresarse a Honduras, Maria encontró en aquel “pueblito” su pasión por viajar y un hambre de conocimiento que la llenó por completo. Viajó cada fin de semana por las capitales de Europa. Perdida un día en Praga, llegó a la Iglesia del Niño Jesus de Praga, con fe se arrodilló y pidió tres cosas: 1) Ser diseñadora de joyas. 2) Salud física. 3) El amor. Doce años después, Maria reconoce que su fe y las misericordias de Dios son perfectas y se renuevan cada día, porque las tres se han cumplido en el tiempo de Dios.

Después de despertar su hambre en la ciudad de la joyería, esta no cesó. Fue a Argentina, Colombia y Nueva York para perfeccionarse y convertirse en la mujer de fuego que es hoy. Ha utilizado su experiencia de vida para poder diseñarnos las bellas piezas. Se ha enfocado en lo negativo, en lo positivo y en el amor. Nos ha demostrado a través de las mismas que cada uno florece de manera diferente. A través de sus sus piezas perfeccionadas a mano, Maria Echeverri nos demuestra que si somos lo suficientemente apasionados por lo que amamos, no habrán dolores que valgan.

Así como ella ha pulido su técnica y redefinido lo que nosotros llamamos “hecho a mano”, y yo pulí mis aretes con su ayuda, también ha pulido su vida. Maria es fuego pulidor al caminar, hablar y amar. Aprendí que sus virtudes son ser perfeccionista, leal y amorosa. Me enseñó que todo lo que nos puede pasar en la vida si se pone al fuego, se moldea, no importa que tan duro sea. Mi amiga la del fuego me dejó experimentar lo magnífico que es poder vivir nuestras pasiones. Y siempre podemos dejar nuestro sello único en todo aquello que emprendamos.

Cómo les dije al inicio, éste comenzó siendo un artículo de lo hecho a mano, pero lo hecho a mano tenía más sorpresas para mi. Con un sencillo par de aretes que mi amiga diseñó y yo confeccioné, aprendí que la vida se vive, se cambia y moldea según la cantidad de fuego que le apliquemos.

¡Feliz Viernes!

😊
Etiquetas

Más artículos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba
Cerrar