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¿Me estaré alcoholizando?

Una de las cosas que hace siempre mi esposo, es consentirme.

Hace dos meses me trajo a la casa un tinto californiano con olor agradable de fruta, creo que bastante añejo, aterciopelado por su buen tacto en la boca, brillante en su apariencia y de buen cuerpo.

Desde que probé ese vino tinto, no he dejado de degustar una copa cada final del día, en la comodidad de mi hogar.

Me encanta saborearlo mientras platico con mi esposo sobre las cosas que ocurrieron durante el día y mientras cenamos.

Se me ha hecho tal la costumbre con ese tinto, que ayer me pregunté si me estaría volviendo alcohólica.

Busqué en Google las respuestas a mis inquietudes y con gran sorpresa descubrí que tomar vino tinto en cantidades pequeñas (una copa) cada día, es bueno para la salud.

Ajaaaa, eso me alegro y más lo que explican los científicos. Ellos coinciden en que hay algo en el vino tinto que, cuando se toma con moderación, puede ayudar a proteger el corazón, reducir el colesterol “malo” y prevenir la formación de coágulos de sangre.

Lo asocian como un aliado para bajar de peso, es decir que el vino tinto dispone de una propiedad especial que activa un gen que impide la formación de nuevos adipocitos.

Al parecer esta bebida también es beneficiosa en los procesos cognitivos del cuerpo porque puede prevenir demencias y enfermedades degenerativas del cerebro.

Los especialistas se refieren también a que el aromático trata las infecciones de las encías. Describen que, si se es de esas personas que tienen sangrado de encías, el vino tinto ayuda porque la uva tiene compuestos que, al ser fermentados, evitan la aparición de estreptococos y bacterias vinculadas a las caries.

Otro aspecto que se le atribuye al vino tinto es que al tomarlo se liberan endorfinas, que relajan y estimulan los sentidos. También, por ser rico en polifenoles, contribuye con los vasos sanguíneos por la reducción del colesterol “malo”.

Muchos de esos atributos, del vino tinto por supuesto, seguramente los escuché durante las “catas” que se organizaban con expertos en Tegucigalpa, sin embargo, como no era aficionada a esa bebida posiblemente no le di atención.

Ahora que me tomo mi vinito cada tarde noche, pienso en lo bien que creo le está haciendo a mi cuerpo, y si no es así, pues ni modo, al menos tengo el gusto de disfrutar del momento.

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