
La entrevista de Gustavo Alberto Armijo Vargas para la serie El arte de mi país by ICONOS Mag y Banpaís Honduras
Su carrera artística tiene más de medio siglo y no parece tener fin, pues su pasión por crear se mantiene vigente
ICONOS Mag
Texto Luis Hernandez / Fotos Ángel Gabriel Sarmiento
27 febrero, 2026
Tegucigalpa. Gustavo Alberto Armijo Vargas sigue vigente como el gran maestro de las artes plásticas de Honduras. Su amplio conocimiento le ha permitido que moldee grandes obras con sus manos, y con ellas también ha esculpido y pintado su vida.

«El arte es la cara limpia de Honduras» ha enfatizado Gustavo Armijo en cada una de las entrevistas que ha concedido a lo largo de su dilatada carrera, ya que para él, es el único ámbito donde la corrupción no ha penetrado para causar destrucción.
Está próximo a cumplir los 81 años de edad y es tan lucido como cualquier joven. Camina sin ayuda, leer no es una dificultad y la fatiga rara vez lo obliga a descansar.
Siempre destaca que nunca ha sido una persona de altos cuidados, que su bienestar físico puede ser un privilegio genético o la bendición de Dios.
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Su carrera artística tiene más de medio siglo y no parece tener fin. Su pasión por crear se mantiene actual y siempre está buscando temas relevantes e incómodos para plasmarlos en sus obras.
Tiene un distinguido bigote, ese que le ha acompañado por bastantes años y que si pudiera hablar, serían interminables las horas de anécdotas que contaría a los presentes.
El mítico maestro de las artes nació en la ciudad de Comayagüela en 1945. Sus padres eran la dama Hortencia Vargas Betancourth de Armijo y el caballero Braulio Armijo Pineda. Ella, ama de casa y él, propietario de un pequeño cine.
Su formación académica la realizó en el instituto central Vicente Cáceres y desde su niñez tenía un profundo interés por el arte.
Durante su regreso a casa, siempre pasaba por la Escuela Nacional de Bellas Artes. Ahí es cuando despertó su pasión por el mundo artístico.



Ingresó a la academia donde reforzó su conocimiento gracias a las enseñanzas de sus maestros Dante Lazzaroni y Arturo López Rodezno.
Ahí, junto a contemporáneos como Virgilio Guardiola, Dino Fanconi, Joel Valladares y el irreverente Aníbal Cruz, se forjó una generación que marcaría las artes plásticas hondureñas.
Su formación no fue lineal: el dibujo fue raíz y columna vertebral, pero el grabado sobre madera y linóleo se convirtió en territorio de paciente experimentación.


Lejos de conformarse con lo aprendido, su necesidad de conseguir la excelencia lo impulsó a viajar a Costa Rica.
Inicialmente llegó para estudiar educación física, pero su convicción y pasión por el arte lo redireccionaron a su verdadera vocación: las artes.
Armijo Vargas no se detuvo ahí. La vida le permitió forjar su talento en la academia San Carlos de la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM.
Estudió durante cuatro años y profundizó en pintura, dibujo y especialmente en grabado, la técnica que más ha marcado su lenguaje visual.
Regresó a Honduras para comenzar su ahora fructífera carrera y lejos del tradicional arte de paisajes y naturaleza, sus piezas contaban la realidad de su país durante los años 80.
No fue un creador cómodo con lo ornamental: su obra fue siempre y sigue siendo un relato sobre la dignidad humana, la migración, la injusticia y el tejido social hondureño.


Tuvo una etapa como fotógrafo y colaboró con el doctor en derechos humanos Ramón Custodio para utilizar la cámara como herramienta de manifestación.
Su lente fue testigo de tiempos convulsos, donde la fotografía en blanco y negro se volvió en otra forma de grabado: luz sobre herida.
Finalmente, incursiona en el mundo artístico con su primera obra que fue bautizada como Los gigantes tristes de Hermijo por su amigo y escritor Eduardo Bähr.





Influenciado por la fuerza rupturista de Pablo Picasso, los volúmenes de Fernando Botero y la estilización de Amedeo Modigliani, Armijo aprendió que la figura humana podía distorsionarse para revelar una verdad más profunda.
También, dialogó con la sensualidad dorada de Gustav Klimt y la irreverencia conceptual de Marcel Duchamp, entendiendo que el arte es ruptura, riesgo y permanente ensayo.
Especialista en la xilografía, toma sus gubias, rodillo de caucho y tinta de grabado y plasma lo que ve en televisión, escuche en radio o lea en el periódico y libros.



El dibujo le sigue para expresar lo que desea. Un cárbon o lápiz son suficientes para crear obras que son un deleite a la vista.
No existen limitantes para realizar sus proyectos. Desde el lienzo en blanco hasta bolsas para café han sido las superficies donde Gustavo Alberto Armijo Vargas ha expuesto la realidad que viven los hondureños.
En paralelo a su trayectoria artística, su vida personal fue consolidando otra gran obra: en 1982 contrajo matrimonio con Clara Suazo Andino, compañera de ruta y sostén silencioso del taller y de los años.
De esa unión nacieron Hortensia María, Alejandra Margarita, Ana Karina, Gustavo Roberto, Alberto Gabriel y César Augusto Armijo Suazo.



Su hija Alejandra Armijo ha heredado su talento y se ha dedicado al decoupage para crear arte mediante aquellos objetos que parecen ya no tener utilidad.
Es abuelo de seis nietos, quienes comparten con él en su casa y taller en Tegucigalpa, ciudad en la que ha vivido la mayor parte de su vida.
Conocida alguna vez como Tegucigalpa la culta, ahora ya no queda nada de esa memorable época: el caos, el abandono y la precaria educación hacen de la capital del país, un lugar con cero atracción para los hondureños.
Aún así, Armijo ama la ciudad y mantiene la fe de que hayan cambios significativos en bienestar de los capitalinos.




Nunca ha vivido del arte. Él vive para ella. Jubilado en lo administrativo, pero no en la creación, continúa dibujando casi a diario.
Sus obras han recorrido Centroamérica, Estados Unidos y Honduras no ha sido la excepción. En 2025 junto a Alianza Francesa Tegucigalpa, presentó la obra Mujeres de arena. La serie dialoga con el movimiento mexicano contra los feminicidios y traslada esa denuncia a la realidad hondureña.
Además, la Universidad Nacional Autónoma de Honduras UNAH le ha otorgado a Gustavo Armijo un espacio en el paraninfo universitario, donde múltiples obras engalanan el museo dedicado al arte nacional.
Galardonado en diferentes ciudades e instituciones, su carrera es tan magnífica como cada proyecto que tiene en su haber. Su arte no tiene fin, pues asegura que mientras tenga fuerzas para continuar, seguirá trazando líneas que desafían el olvido.
Gustavo Alberto Armijo Vargas se une a la serie El arte de mi país by ICONOS Mag y Banpaís Honduras para contar su historia moldeada entre la excelencia y pasión.


¿Quién es Gustavo Armijo? ¿Quiénes eran sus padres y dónde nació?
Nací en Comayagüela en el año 1945. Mi padre era orginario de un municipio que se llama Cantarranas y mi madre de San Marcos de Colón, luego migraron hacia Tegucigalpa.
¿Cómo se llamaban sus padres y a qué se dedicaban ellos?
Mis padres se llamaban Hortencia Vargas Betancourth de Armijo y Braulio Armijo Pineda. Mi papá era un perito mercantil y comerciante. En un tiempo tuvo un cine en la ciudad de La Paz, era un cine de pueblo. Vivimos muchos años por allá.
¿Dónde cursó sus estudios académicos?
Principalmente en el instituto central Vicente Cáceres.


¿A qué edad llega ese gusanito por el arte?
A temprana edad. Pasábamos por la Escuela Nacional de Bellas Artes y algunas veces entraba. Entonces, llegó un momento que dije: «Esto me gusta», porque siempre he tenido esa vocación de dibujar. Además, el cine marcó mucho mi imaginación creativa.
Después ingreso a la Escuela Nacional de Bellas Artes. Ahí empieza mi gusanito dentro de las artes.
¿El entorno de Comayagüela influyó en esos primeros pasos para incursionar en el arte?
No. Comayagüela ha sido y sigue siendo una ciudad muy abandonada, pero la entrada a Bellas Artes cambia completamente la percepción artística de cualquier joven.
Ahí me encontré con grandes pintores como Virgilio Guardiola, Dino Fanconi, Joel Valladares, y muchos que fueron sobresaliendo en el tiempo. Aníbal Cruz, principalmente, uno de los creadores principales de Honduras.
¿Los recuerdos de su hogar permanecen en usted para crear?
No mucho. Me involucro mucho más en la literatura, noticias que veo y otros temas. Ahí es cuando trato de plasmarlo en imágenes, bocetos y después la llevo a otros campos artísticos.

¿Cómo descubrió su fascinación por las superficies, volúmenes y texturas?
Siempre me ha gustado la arquitectura. En algún momento iba a estudiar arquitectura, pero no había aquí en Honduras, así que me dediqué a las artes gráficas, principalmente el dibujo. El dibujo ha sido fundamental en mi obra.
¿Quienes lo formaron en la Escuela Nacional de Bellas Artes?
Dante Lazzaroni, Arturo López Rodezno y Arturo Machado. Eran personas que ya venían de Europa, de México y fuimos bien formados con estos maestros.
¿Cómo describiría su formación en la Escuela Nacional de Bellas Artes?
Muy buena y era enfocada más que todo a los talleres. De ahí han surgido muy buenos artistas. Después me seguí formando en México y Costa Rica. Me gusta mucho el experimento. Nunca me encasillé en hacer una sola cosa.


¿Qué diferencias culturales y por el arte encontró en esos dos países en comparación con Honduras?
Bastantes. Desgraciadamente se nota al salir de Honduras que el apoyo hacia el arte en nuestro país es nulo en comparación a Costa Rica, México y otros países cercanos.
¿Tuvo dificultades al intentar plasmar sus ideas en alguna obra o escultura en sus inicios?
Si. Siempre hay retos y cambios en el dibujo, entonces borrar y volver. Es un reto constante y el resultado se mira hasta el final, cuando uno queda satisfecho de lo que ha hecho.



¿Qué artistas, lecturas o imágenes despertaron su curiosidad por la experimentación?
Internacionalmente Pablo Picasso, me influenció mucho el dibujo de Picasso.
¿Hubo alguna influencia en sus primeros trabajos de grabados y cómo es el proceso?
Si. Mi técnica viene influenciada por Daniel Lazzaroni. Es un proceso lento, desde un boceto, un dibujo y luego marcarlo en la madera o en el óleo. Siempre he trabajado en superficies pequeñas porque nunca tuve un taller grande.
¿En qué técnica se ha especializado Gustavo Armijo?
El moldeado. He realizado pocos trabajos de escultura, todo ha sido con arcilla y piedra pomez.

¿Cuándo surge la inspiración de plasmar sus ideas en el moldeado?
Fue el escultor hondureño y amigo mío Obed Valladares quien me influenció a pasar mis dibujos a tres dimensiones, a moldear la arcilla.
¿Qué le enseñaron los errores técnicos en sus primeras obras de moldeo?
Que siempre habrán errores y cambios en el proceso de hacer una obra.
¿Gustavo Armijo trabaja sus obras desde la inspiración o lo que observa?
La observación. Según Piccaso, “la inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando”, entonces no haré una pieza desde algo divino, siempre se hace desde lo que se observa, ahí es donde viene la inspiración.


¿Qué criterios usa para elegir materiales para cada proyecto?
Es un reto, porque el material artístico en Honduras es escaso y caro. Hay que ingeniárselas para la producción de una obra. En el caso del moldeado, se necesita un horno y prensa, entonces hay limitaciones por aparte.
¿Realiza un proceso previo antes de ejecutar una obra?
Si. hago el boceto en una libreta y luego realizo la idea.
¿Qué emociones se plasman o salen de usted al trabajar una obra?
Satisfacción cuando logro terminar mis proyectos. Me siento muy alegre cuando veo mis piezas terminadas.



¿Le gusta combinar técnicas o materiales?
Sí, en mi caso soy muy experimental. No sigo reglas clásicas de cómo hacer un dibujo o una pintura. Experimento mucho y trabajo a base de errores.
¿Qué tan satisfecho queda al terminar su obra?
Bastante. Es un gozo ver una pintura colgada en un centro y que las personas puedan apreciarla, pues son emociones que nacen en el taller.
¿Cuándo considera que un proyecto suyo está terminado?
Siempre hay cambios al final de una obra, entonces considero que nunca está terminada.


¿Qué temas sociales o culturales ha reflejado en su trabajo a lo largo de su vida como artista?
Vengo de una generación de artistas que reflejaban el ambiente donde vivíamos. Situaciones políticas y sociales como la migración son temas en los que he trabajado últimamente.
¿Qué tan frecuente expresa esos temas en un grabado?
No es frecuente. Siempre voy buscando algún tema que me guste. Puede ser negativo, positivo o un homenaje.
En el área del dibujo, ¿qué materiales utiliza?
Carbón, lápiz grafito y tintas. El dibujo ha evolucionado y es fundamental en cualquier expresión artística.

¿Qué disfruta más, dibujar o moldear?
Dibujar, porque dibujo en cualquier superficie y es muy satisfactorio.
¿La memoria personal ha formado parte de alguna de sus piezas?
No. No hago retratos familiares ni pinturas de personajes, quizás en el futuro explore ese campo.
Al ser un artista experimental ¿Qué piensa sobre el arte tradicional?
Es bueno, pero no todo el mundo debería hacerlo. Yo rompí esa línea de los paisajes y lo folklórico por ideas o temas que no suelen verse a menudo en el arte.




¿Cómo decide la escala de sus dibujos o sus grabados?
En dibujo es un único tamaño y en grabado se puede hacer en series de cinco o diez copias.
¿Cuál es el proceso para iniciar un nuevo proyecto?
Veo las noticias por diferentes medios y si alguna me impacta, veo merecedora de hacerle una obra que se realiza en una corta o larga serie.
¿Ya ha realizado un proyecto sobre algún tema que haya visto?
Existe un libro que cuenta la historia sobre un barco mercante hondureño que trasladaba judíos. Los sacaba de Alemania y los llevaba a Israel. Una noticia como esa impacta y habla muy bien de Honduras. Entonces, estoy haciendo ese grabado para difundirlo.

¿Documenta o registra la evolución que ha tenido su técnica?
No, soy muy desorganizado en eso. No llevo un recuento de toda mi obra.
¿Cuál ha sido el material más difícil con el que ha trabajado?
El óleo. Me he dedicado a otras técnicas porque para mí el óleo fue bastante difícil.
¿Cómo decide qué pieza puede ser independiente o cuál puede formar parte de una serie?
No todos los temas son aptos para reflejar en un proyecto. Después de contemplar varias opciones, es cuando se decide qué tema merece la pena exponerse en una galería.


¿Qué emociones busca que el espectador perciba en sus obras?
Que el espectador se pare en una obra, la contemple y diga: «Me gusta por este motivo o no me gusta por tales cosas». Deseo que el público se quede analizando mi creación.
¿Qué hace con las piezas que quizás no alcanzaron el resultado deseado?
Se almacenan. Se quedan en el cajón del olvido porque no cumplieron con la idea inicial.
¿Ha habido influencias externas en su arte?
Si. Hay grandes artistas que uno admira y no siempre se puede ser original. Siempre existe la influencia de grandes maestros del arte.


¿Cuáles han sido esos artistas que han influenciado en usted?
Fernando Botero con los volúmenes, Pablo Picasso con el rompimiento del dibujo y Amedeo Modigliani con sus pinturas sobre la figura humana, sobre todo las mujeres.
De esas obras que ha visto, ¿ha intentado replicar una porque quizás le ha gustado demasiado?
Si. El beso de de Gustav Klimt es una obra que ha influenciado a miles de artistas y en mi caso también.
¿Cuál es el reto de representar la realidad social a través del grabado?
Es tratar de llevar ese mensaje al público y que recuerde ese hecho, ese momento que se vivió.



¿Qué técnicas o enfoques le gustaría explorar a futuro?
Fui fotógrafo un tiempo y me gustaría experimentar en pequeños cortos, biografías y obras de teatro. Sería interesante explorar esos aunque sé lo complicado que es entrar a otras áreas.
¿Cómo se dio ese gusto por la fotografía?
Fue en los años ochenta cuando el ambiente era crítico. Le serví como fotógrafo al doctor Ramón Custodio, un importante doctor en derechos humanos. Reporteaba la situación que vivía Honduras en ese tiempo.
¿Se puede considerar la fotografía una forma de expresar arte?
¡Claro! la fotografía es un arte, sobre todo en blanco y negro.
¿Y por qué se ha perdido ese gusto o exposiciones sobre fotografía?
Porque está muy individualizado el gremio fotográfico. Hay muy buenos fotógrafos en las cuestiones artísticas, pero deben cambiar su pensamiento.

¿Ha querido que los jóvenes se interesen en sus piezas?
Si. Tengo buena relación con los jóvenes de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras UNAH a los que les he impartido talleres de grabado. Es bueno comunicarse con la gente joven.
¿Recuerda cómo fue su primera exposición?
Si, y me marcó bastante. Era una serie de dibujos grandes y mi amigo escritor Eduardo Bähr la bautizó como Los gigantes tristes de Hermijo.
¿Existe esa obra todavía?
No. En su momento, algunos cuadros los tuve que empeñar en México, cosas del arte.


¿La exposición más significativa?
La que tuve a finales del año 2025 en Alianza Francesa Tegucigalpa. Se llamó Mujeres de arena, es un movimiento mexicano para la protección de las mujeres en Ciudad Juárez. Entonces, yo lo retomé e hice una serie de dibujos de maltrato y asesinato de mujeres aquí en Honduras.
¿Cómo enfrentar el desafío de mantenerse relevante a lo largo de los años?
Eso es una cosa muy personal. Trabajo casi a diario y así es como me mantengo. Tengo esa satisfacción de seguir activo y espero seguir haciéndolo por más años.
¿Qué proyectos ha considerado integrar a su trabajo?
No le he pensado, pero estoy seguro que ya habrá alguna idea y surgirá otro proyecto, ese es el devenir del artista.


¿Qué hace Gustavo Armijo en sus tiempos libres?
Me gustan las manualidades, hacer cosas de cipote como un buen enchute, yoyo y juegos tradicionales.
¿Alguien ha querido que usted le enseñe sus técnicas?
Aún no, pero tengo el deseo que hayan seguidores del grabado.
¿Tegucigalpa sigue siendo bohemia o ahora es más light en cuanto al arte?
Tegucigalpa ha decaído. Es caótica, una ciudad de tiendas de segunda mano.
¿Cuál cree que ha sido el motivo de esa decadencia?
El abandono que ha tenido. Ya no somos una ciudad atractiva y el arte ha decaído.
Y en San Pedro Sula, ¿cómo considera que está el tema del arte?
Necesita una escuela de artes plásticas, porque muchos talentos les toca migrar a Tegucigalpa para reforzar sus habilidades artísticas. Sería muy beneficioso para San Pedro Sula.


¿Qué piensa del Ministerio de Cultura, Artes y Deportes?
Cada cuatro años, los artistas esperamos algo más de la institución, que cumplan sus promesas y se hagan cosas positivas.
¿Han quedado a deber?
Mucho, casi todos han quedado a deber.
¿Ya no piensa Tegucigalpa como se creía antes?
Hubo años que a Tegucigalpa le decían la culta, pero ya no es así. Ahora es imposible salir a caminar en horas de la noche en la ciudad.


¿Le gustaría que el gobierno enfoque sus energías en el tema de arte y cultura?
¡Claro! Sería fundamental un buen presupuesto que ayude en todas las formas de arte como la música, poesía, danza y teatro.
¿Cómo evalúa la interacción del público con sus piezas?
Muy buena. Hay personas que se interesan por mis obras para promocionarlas, no para adquirirlas. Eso permite un acercamiento con quienes son apasionados por el arte.
¿Qué tan frecuente es el apoyo de la universidad en el arte?
En mi caso ha sido bastante el apoyo. Me dieron un espacio en el paraninfo universitario donde hay varias colecciones mías. Es un espacio positivo para mostrar el arte nacional.
¿A los estudiantes de la alma mater les interesa el arte?
Falta más enseñanza en ese aspecto, pero soy optimista en que los futuros profesionales valorarán el arte.



Para los ojos de Gustavo Armijo, ¿cuál ha sido el artista más grande que ha tenido Honduras?
Aníbal Cruz. Por irreverente, creador, y lamentablemente nunca se le tomó en cuenta. Para mí, Aníbal es fundamental en las artes plásticas hondureñas.
¿Se ha sentido influenciado por él?
No, era muy diferente.
¿Qué lo diferenciaba a él de otros artistas?
El rompimiento con todo lo tradicional. Desgraciadamente, parece que les gusta más a los coleccionistas las obras de los artistas después de muertos.

¿Qué artista se quedó corto y no llegó más lejos?
Muchos. Han habido artistas muy buenos que por falta de apoyo no lograron salir del país o la situación económica los obligó a dedicarse a otras cosas.
¿Gustavo Armijo vive del arte?
No.
¿A qué se dedica entonces?
Tengo el apoyo de mis hijos y la jubilación. Vivir del arte es bastante difícil.
¿Y por qué realiza arte si no vive de él?
Por satisfacción, ese gusanito por el arte no desaparecerá.


¿La obra tiene más valor cuando el artista muere?
Si, mucho.
¿Por qué?
Porque todos quieren tener su obra. Aún así, la muerte del artista es bastante precaria. No existe el seguro social y toca hacer cabida para el velorio y entierro.
¿Ha pensado alguna vez en retirarse?
No.


¿Seguirá pintando hasta sus últimos días?
Si. Seguiré haciendo y manchando mientras me dejen hacerlo. Soy optimista que tendré tiempo para seguir trabajando.
¿Ya realizó su mejor obra?
No, pero quedo satisfecho con lo último que hago y siempre estoy pensando en lo próximo qué haré.
¿Cómo ha hecho para estar tan lúcido a sus casi ochenta y un años?
No sé, genética puede ser, los padres y la buena vida.
¿Se cuidó siempre?
No. He vivido sin excesos, pero siempre hubo un poco de todo.


¿Qué piensa de las tecnologías actuales y que las han involucrado con el arte?
Es un fenómeno que me ha sorprendido. La inteligencia artificial y todo lo que hace es fabuloso, pero no le quitará mucho a la creación manual.
¿Siempre será superior el arte a mano?
Creo que sí, pero se están haciendo cosas sorprendentes con la inteligencia artificial.
¿Y qué deben hacer los artistas para que la inteligencia artificial no les gane en esta batalla artística?
Seguir trabajando y no dejarse influenciar por las modas.

¿Cómo le gustaría que su obra fuera percibida por las futuras generaciones?
Primero, me gustaría que estuvieran disponibles a todo público y no terminen en colecciones privadas. Luego, que las disfruten e inspiren su pasión por el arte.
¿Le gustaría que alguien heredara su camino artístico?
No. Mis hijos agarraron carreras completamente diferentes y hay que apoyarlos para que hagan su propio camino.
¿Qué piensa de los mecenas que se enriquecen a costilla de los artistas?
Siempre andarán buscando beneficiarse del arte y eso está muy mal.


Su bigote, ¿tiene un origen?
Si, ya tiene varios años, antes era negro y siempre me gustó.
¿Por qué tiene esa forma tan distinguida?
Caprichos, pero con que a la compañera le guste, suficiente.
¿Qué considera clave para comprender su vida y su obra?
La difusión. La labor de mostrar lo que hace el artista nacional es importante y por ello, agradezco a ICONOS Mag y Banpaís por realizar este proyecto.
¿El periodismo hondureño debería apoyar más el arte nacional?
Si. Se han perdido las secciones de arte en los medios escritos y sería bueno que retomaran esos espacios para los artistas.

¿Cómo le gustaría ser recordado a Gustavo Armijo?
Como una persona positiva, sin tacha como decía José Trinidad Cabañas.
En un país donde el talento muchas veces crece en silencio, el respaldo marca la diferencia. Banpaís se consolida como un referente en el apoyo al arte hondureño, apostando por quienes construyen identidad desde la creación.



