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Turista una vez, amigo para siempre: Bonaire, la isla multicultural

Redacción. Conocer la isla Bonaire debe ser una meta. Fascina, enamora y posee infinitos atractivos que tiene que descubrir.

La isla Bonaire
Fotos Freepix y Pixabay 

Es una escapada alucinante para disfrutar de su cocina criolla, admirar los arrecifes de coral, practicar snorkel y hasta ser testigo de la producción de sal de roca.

Bonaire, cuyo nombre significa Buen aire, es un municipio especial integral de los Países Bajos u Holanda.

Durante el siglo XVI, colonos europeos se asentaron en este paraíso caribeño, que con el tiempo formó parte de las Antillas Holandesas.

La isla Bonaire

Tiene una población de casi 19 mil habitantes, muchos de ellos son mulatos por el mestizaje entre europeos y africanos. Los demás, proceden de países como Holanda, República Dominicana, Colombia, Surinam, Venezuela Estados Unidos.

Su ecoturismo y naturaleza, hacen de esta isla, todo un espectáculo y por ello, su lema es Turista una vez, amigo para siempre.

Una isla de colores

La isla Bonaire está pintada por doquier de infinitas tonalidades. Desde el mar de siete colores, su cielo azul, a veces despejado o engalanado efecto empedrado de las nubes.

También, por los techos rojos de los edificios coloniales encallados en la zona costera que son atractivo visual de Kralendijk, la capital de la isla.

La isla Bonaire

Su malecón y las playas le ofrecen una infinidad de propuestas gastronómicas, tiendas y sitios de interés histórico, turístico y colonial.

Además, un lugar que debe visitar es el palacio de color amarillo llamado Pasanggrahan, donde funciona el parlamento de esta nación insular.

Su clima es del tipo semiárido tropical. Al norte de la isla se presentan elevaciones montañosas.

Bonaire cuenta con un monumento sobre la Segunda Guerra Mundial, con el cual se le rinde tributo a los soldados bonaerenses que fallecieron en el conflicto.

Otra de las ciudades que debe visitar es Rincón, donde también se concentra la historia colonial de este edén tropical. Ahí, podrá conocer la cultura de los esclavos del siglo XVI, a través de una casa de plantación restaurada.

Por si fuese poco, puede aprender Simadan, la danza estilo africano o admirar los cercos de cactus en el jardín del Museo Real de Rincón.

La isla Bonaire
El islote Klein Bonaire está rodeado de playas, tiene cuevas y es un refugio de una colonia de tortugas y arrecifes de coral en un mar calmado.

Encanto ecoturístico

Uno de sus principales atractivos es el medio ambiente. Las autoridades y locales lo cuidan a más no poder. Posee diversos humedales y la pintoresca costa Lac Bay, en el sudeste de la isla.

Entre las amenidades o deportes, puede practicar kite surfing en Atlantis Beachkayak por los manglares o una jornada de relajación total en Sorobon Beach, donde los resorts ofrecen sus menús y lo sirven junto al mar.

Sus autoridades han señalado la costa bonaerense con piedras amarillas, y eso le indica los lugares correctos para practicar snorkel, amenidades que posee toda isla caribeña.

La isla Bonaire
La vida subacuática es catalogada como un paisaje de ciencia ficción y el buceador podrá apreciar una variedad de flora y fauna. 

Un lugar perfecto para el buceo es el pequeño islote deshabitado Klein Bonaire, al cual se llega en taxi acuático que tarda 25 minutos. Además, es parte del Parque Nacional Marino de Bonaire.

Para ingresar a él, debe poseer la identificación Stinapa, que la adquiere en los centros de buceo y los hoteles de toda la isla.

Si se adentra en el territorio, podrá admirar cabras salvajes en las inmediaciones del lago Gotomeer o conocer más de las reservas protegidas en el Parque Nacional de Washington-Slagbaai.

Los mares de sal en la isla caribeña de Bonaire son todo un espectáculo. La reacción química en el agua, la convierte de color rosa brillante.

La isla Bonaire también se distingue por sus granjas de producción de sal, una industria pilar de la economía local, así como contemplar el santuario de Flamencos, que adornan el mar con sus plumas de color rosa.

Finalmente, si se anima a viajar a este edén del Caribe, puede hacerlo vía aérea llegando al aeropuerto internacional de la isla, que se ubica a unos 15 minutos en taxi desde la capital Kralendijk.

Si se convierte en expedicionario, puede rentar una moto o bicicleta y conocer todo lo que desee y al final de la jornada, deleitarse con su famosa sopa de iguana en algún restaurante del malecón frente al mar.

No olvide disfrutar a plenitud de la vista, los sonidos naturales y los aromas excitantes que ofrece este una isla sin comparación.

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