De 50 y con ganas

La etiqueta nunca pasa de moda  

Hace muchos años, mientras me desempeñaba como cronista social en uno de los periódicos más influyentes de Honduras, una de las señoras de la sociedad árabe hondureña, que le gustaba salir en mis páginas, me llamó.

Me contó que su hija mayor se casaría dentro de seis meses y que desde ya planeaban realizar una boda de ensueño en el mejor hotel de Tegucigalpa. No lo dude por tratarse de gente de mucho dinero

Después de invitarme al que sería uno de los eventos sociales del año, me hizo una petición de comenzar a publicar en las páginas sociales, pequeños comentarios acerca del comportamiento, la etiqueta y las reglas de urbanidad.

Me confió que, indirectamente quería recordarles a sus invitados que no es elegante llevarse como “recuerdo” los centros de mesas de las bodas. Según recuerdo, las piezas serían traídas de Palestina.

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Las reglas de etiqueta en la mesa. Foto: labelrules.com
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La señora deseaba también que hiciera un repaso sobre el tema de los regalos de boda, los cuales debían enviarse a la casa de la novia y no llevarse ni a la iglesia ni a la recepción. (En aquel entonces no existía la caja decorada para depositar un sobre con dinero).

Me pareció interesante la propuesta, y fue así como inicié un proyecto semanal de tener una columna sobre etiqueta y refinamiento en las páginas. Yo tenía cierto conocimiento sobre el tema por varios cursos que tomé siendo adolescente, no por interés propio sino por el de mi madre.

Esa llamada fue hace unos 35 años y a pesar del tiempo transcurrido, sigo pensando que las reglas de urbanidad son básicas hoy, mañana y siempre para ser tomada en cuenta.

Por ejemplo, no es elegante llevar un acompañante a una fiesta donde no ha sido invitado, llegar a una casa sin un detalle para los anfitriones, reírse a carcajadas, hablar alto, contar chistes vulgares y pedir comida para llevar al final de una reunión.

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Mientras estamos en una reunión de amigos o trabajo es imperdonable estar navegando en nuestros teléfonos. Foto: Pixabay
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Tampoco es bien visto soplar el café caliente dentro de la taza, llevarse la cuchara a la boca de punta y no de costado, no limpiarse la boca con la servilleta antes de tomar líquidos con la copa o el vaso y no dejar una cortesía en el plato después de terminar de comer.

Es reprochable no presentar a las personas dentro del grupo, hablar en otro idioma o en secreto, tocar temas de conversación sobre política y religión, pasarse de tragos y no irse de la reunión a la hora acordada.

Es imperdonable, igualmente, no cuidar los aspectos básicos del aseo personal como un buen baño diario, limpieza de los dientes, las uñas, el cabello, el uso del desodorante y una loción o perfume.

Las reglas de urbanidad no son exclusivas para el ambiente social, ya que cuando de solicita un trabajo y se conoce a la familia del novio o la novia, por ejemplo, es casi obligatorio saberse conducir para ser incluido o aceptado en esos ambientes a los que se aspirara pertenecer.

Cuando mi mamá, Nora Landa Blanco trabajó como cronista social, igual que yo, solo que muchos años antes, había una señora que no se perdía las recepciones diplomáticas, que antaño se desarrollaban en las residencias y no en los hoteles.

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El secreteo es un error a la hora que nos encontramos rodeados de más personas. Foto: Pixabay
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Era la esposa de un alto funcionario de gobierno que tenía la costumbre de “llevarse” los adornos pequeños dentro de su cartera, los cubiertos de plata o cuanta pieza de reducido tamaño encontrara a su paso.

También me contó de personas, supuestamente cultas que sobrepasaban el horario para retirarse, comían con la boca abierta, se chupaban los dedos después de comer e insistían llevar bocadillos a su casa para los hijos.

La etiqueta y el refinamiento es un tema que nunca pasará de moda.  La gran diseñadora, Carolina Herrera lo resume así:  «La educación es el principal vestido para la fiesta de la vida».

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Es de muy mal gusto soplar el café u otra bebida caliente. Foto: Pixabay
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