
Conozca a José Darío Palma Mencía profesor del especial del Día del maestro hondureño 2026 by ICONOS Mag
Se retiró en 2025 pero su recuerdo y enseñanzas siguen arraigadas a la pequeña escuela donde trabajó por 35 años
ICONOS Mag
Texto Sindy Estrada / Fotos Kevin Hernández
17 septiembre, 2026
San Antonio, Sulaco, Yoro. Un maestro apasionado no solamente explica una lección e imparte una clase. Un verdadero mentor deja una semilla. En honor al Día del maestro hondureño, destaco al respetado maestro de temple fuerte, principios sólidos y gran sabiduría José Darío Palma Mencía, quien me enseñó que el tiempo tiene valor y que cada minuto sirve para aprender algo nuevo.


Click aquí: Sigue nuestro canal de Youtube @IconosIM y activa las notificaciones
Para hacer está entrevista, me trasladé hasta mis orígenes. Justamente a la aldea de San Antonio en Sulaco, Yoro. Lo hice porque quería conocer más sobre la historia de un educador exigente, pero guiado siempre por la sabiduría y el sentido humano.
Me llena de orgullo escribir sobre usted, porque no fue de esos profesores que se limitan a enseñar una lección y pasar la página. Usted es de aquellos que observan, aconsejan y corrigen.
Recuerdo que improvisaba una caja de cartón como si fuera un televisor. Al día siguiente, cualquier estudiante debía pasar al frente de sus compañeros para contar lo aprendido el día anterior. Usted evaluaba seguridad, expresión y capacidad para comunicar ideas.

En compañía del staff de la revista ICONOS Mag Honduras llegamos a su acogedor hogar, para hacer una sesión de fotos y compartir una mañana de exquisito conocimiento.
Sentados frente a su casa, mientras compartíamos un jugo de maracuyá, el profesor Darío Palma me abrió las puertas de sus recuerdos.
A nuestro alrededor, los árboles que rodean su hogar parecían acompañar aquella conversación con la misma tranquilidad que hoy caracteriza su vida.
El profesor Darío comenzó contándome como fueron sus primeros estudios en la escuela José Trinidad Cabañas ubicada en Las Pilas de donde es originario. Desde muy pequeño trabajó y enfrentó la vida con dificultades. Así aprendió a abrirse camino.

Al conocer su historia, puedo entender que cada logro fue alcanzado con esfuerzo y determinación. Eran tiempos de muchas limitaciones, pero también de una enorme voluntad por salir adelante.
Durante la entrevista agradeció profundamente a la profesora Olinda Banegas, directora del instituto San Juan de Sula de Sulaco en aquellos años donde ni había energía eléctrica en el pueblo.
Ella le consiguió una beca para que continuara estudiando, gracias a diez cupos gestionados por el entonces diputado Roberto Micheletti Baín, que años más tarde se consagró como presidente de Honduras.
Luego de estudiar en la escuela normal mixta bilingüe Pedro Nufio llegó a San Antonio, Sulaco, Yoro hace 36 años, donde compartió con generaciones de estudiantes, proyectos, dificultades y satisfacciones.
Me ha contado que no había infraestructura escolar adecuada, ni pizarra y menos libros, pero esas dificultades nunca fueron una razón para detenerse. Lo motivaron a empezar.
Construyó su familia junto a la profesora Orlenis Beatriz Murillo Cruz, con quien comparte no solamente un hogar, sino la vocación por la educación. Dieron vida a cuatro hijos: Rita Elena, Helen María, Darío José y Elam José Palma Murillo.

Para mi, hablar del profesor Darío Palma, es referirse al centro de educación básica Cristóbal Colón y al instituto Sir Salvador Moncada, espacios fundamentales para la educación de San Antonio, la aldea más grande de Sulaco y sus alrededores.
Fui una de esas niñas que pasó por las aulas de clases y no pienso en aquel director que ocupaba una oficina, sino en el hombre que caminaba por los pasillos siempre pendiente de que aprovecháramos las horas de estudio.
Recuerdo que no permitía que los estudiantes tuviéramos horas libres. Siempre encontraba la manera de aprovecharlo enseñándonos inglés y exponer al frente de nuestros compañeros sobre temas ya impartidos.
Siendo una niña – adolescente quizás no comprendía completamente la dimensión de aquello. Hoy, como una profesional del periodismo graduada de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras UNAH – campus Cortés; lo entiendo mejor.
El profesor José Darío Palma Mencía no veía estudiantes destinados a quedarse para siempre en una aldea. Él veía posibilidades y una de ellas es la hoy periodista Sindy Estrada.

Hay una conversación que aún permanece en mi memoria. Una mañana cualquiera, el profesor Darío me llamó a la dirección. No sabía exactamente qué quería hablar conmigo. Entré como cualquier estudiante que recibe el llamado del director.
Salí de aquella oficina con unas palabras que, con los años, adquirieron un significado mucho más grande. Me habló de notas académicas y de mi comportamiento en ese momento. Además, que me veía fuera de la aldea obteniendo un título universitario.
Recuerdo que me advirtió sobre algunas amistades que podían llevarme por un camino que no me convenía. Yo era apenas una estudiante de 13 años, pero vio en mí lo que yo todavía no podía ver.
Eso es lo que hace un verdadero educador. No solamente transmite conocimientos, sino que descubre talentos.


Uno de mis momentos más emotivos de la conversación fue preguntarle, ¿cómo recuerda a Sindy Estrada como estudiante y qué le aconseja para seguir aprendiendo y creciendo?.
Su respuesta fue clara y firme.
«Yo recuerdo a Sindy como la alumna proactiva, inteligente y exigente. Te vi bailar en los actos cívicos, declamar poesías, hacer murales, llegar temprano, andar el uniforme correcto y ser respetuosa«
Además, expresó su satisfacción al ver que aquella vocación que él observó en mí durante mis años de estudiante, en el ámbito de la comunicación. Para él, ya está dando frutos.
«Continue con mucha disciplina, las oportunidades están alrededor, pero solamente las aprovecha quien está preparado para recibirlas. Exíjase usted misma, no hay que conformarse con lo que le piden. Lo que no lo edifica, déjelo. Sin discutir. Sin buscar problemas. Sin desgastarse en debates que no producen nada».
No quiero esperar a que pasen los años para decirle ¡gracias! por las conversaciones, por los consejos, por haber creído en mí, y especialmente, por haberme llamado a su dirección aquel día que pensé que iba a ser un día cotidiano.




Me comentaba el profesor que una de sus preocupaciones es la violencia que afecta a los estudiantes. Considera que los alumnos llevan al aula situaciones que se originan en el hogar.
Recuerdo que durante su rectoría, tomaba medidas drásticas y que incluso expulsó estudiantes, incluida yo. Lo hizo porque entendía que corregir también era una forma de demostrar amor.
El maestro José Dario Palma apunta a la falta de capacitación docente, la ausencia de seguimiento y el debilitamiento de las metas educativas.
Me ha expresado que le gustaría que los docentes que lideran y trabajan en la escuela Cristóbal Colón, se enamoren del trabajo.
Una de las frases que más me ha gustado es cuando citó a Facundo Cabral: «quien no ama su trabajo, aunque trabaje todo el día, termina sintiéndose desocupado».
«Cuando una persona aprende a amar lo que hace, comienza a disfrutarlo y eso es lo precisamente necesitan los docentes. Bajarse al nivel de los pequeños detalles que son los que al final hacen la diferencia. Primero,debe estar la parte humana y después complementarse con la formación científica e intelectual», ha reforzado el profesor Dario Palma.

El profesor José Darío Palma Mencía se jubiló en el año 2025 pero, para mí y muchas generaciones ha sido un maestro de autoridad moral, disciplina y profundo sentido de servicio. Contribuyó a forjar mi carácter y mis valores.
Durante la visita a la escuela, destacó que sintió vergüenza al ver cómo estaba la dirección, porque él siempre procuró mantenerla nítida.
Recuerdo que el maestro Darío no podía sentarse en su escritorio de trabajo si antes no estar limpio. Para él, el orden y el aseo también eran una manera de demostrar respeto por la institución.


En este reportaje quería homenajear a más maestros, pero el profesor Darío sembró en mí, más que conocimientos; inquietudes, disciplina, carácter y la certeza de que siempre podemos aspirar a algo más.
Mientras platicábamos, le pedí su opinión sobre el nuevo sistema educativo y declaró que se está cayendo a pedazos y que necesitamos volver a valorar aquello que realmente sostiene una escuela.
«Para mí, los horarios son sagrados. Cada minuto frente a un estudiante representa una oportunidad para enseñar, orientar y transformar»
«Siempre he dicho que la educación debe ser un ganar – ganar. Cuando un estudiante aprende, gana él, gana su familia, gana el maestro y gana la sociedad. Por eso me entristece cuando un maestro dice una cosa y hace otra, cuando habla de valores, pero sus acciones están lejos de aquello que enseña»



Lo que más admiró de la trayectoria del profesor José Darío Palma Mencía era su manera de enseñar. En una época en la que la tecnología no formaba parte de las aulas, encontró la creatividad para ayudar a sus estudiantes a perder el miedo y ganar confianza.
Este homenaje es para usted profesor, que entendido que un buen maestro no prepara estudiantes solo para una profesión, sino buenos seres humanos para la vida.



